L'Argentina di origine italiana

11-12-2017 | Opinioni

2018, a√Īo electoral en Italia‚Ķ

Cómo se formará el nuevo gobierno. Por DANTE RUSCICA

2018 será en Italia un año electoral.  Aunque no se haya oficializado aún, la fecha muy probable será en marzo, quizás el 4 de marzo. Después de tanto discutir y debatir, se cumple perfectamente la legislatura y se irá a las urnas  “re-gu-lar-men-te”, en término, sin adelanto alguno y respetando al pie de la letra las normas institucionales.

Como debe ser.

Se vota, entonces, en 2018 para renovar el parlamento. Es  ésta la votación general que en Italia llamamos  elecciones políticas, la elección  fundamental. Se elige el Parlamento y en la República parlamentaria, como sabemos, todo comienza desde el parlamento...

Las normas a seguir institucionalmente, en líneas generales, son las siguientes, paso a paso: le corresponde al  Jefe del Estado fijar la fecha de las elecciones, y “sciogliere le Camere por período cumplido. Es decir que da por vencido, el período de la legislatura, disuelve el parlamento y llama a elecciones, abriendo  la campaña electoral.

Realizadas las elecciones, se cuentan los votos y se marcha hacia la formación del nuevo gobierno, a través  de un procedimiento meticuloso, jurídicamente muy equilibrado en el que el Jefe del Estado  debe verificar la posibilidad de una mayoría homogénea que surja o no en el  nuevo parlamento y elegir a quien encargar la formación del nuevo gobierno.

Se trata de un momento  institucional muy denso y delicado al mismo tiempo, que - entre otras cosas- desmiente a quienes consideran, con cierta ligereza, que en la Constitución italiana los poderes del Jefe de Estado son más bien limitados y formales. No es verdad. En efecto, durante esta transición, por ejemplo, el Presidente de la República figura como nunca protagonista único en el devenir político nacional. Es él quien disuelve el parlamento, quien  llama a elecciones,  evalúa los resultados, consulta y en definitiva decide a quien encargar la titularidad del futuro gobierno, sucesivamente a la  verificación de la situación con los líderes de los distintos partidos.

El gobierno  constituido deberá jurar ante el Presidente de la República y presentarse  a la Cámara de diputados y al Senado (depositarios, por el voto, de la soberanía popular), ilustrar su programa y conseguir -en cada Cámara- el llamado voto  de confianza que significa  aprobación, quiere decir que el gobierno tiene  mayoría. Y solamente después de esa aprobación el nuevo gobierno queda en condiciones de gobernar…

Parecerá un circuito largo y complejo y en realidad quizás  lo sea. Pero no hay dudas de que ofrece una segura observancia de normas jurídicas y democráticas  fundamentales, que en definitiva redunda en garantía del respeto de la  voluntad popular expresada con el voto.

Se trata de un proceso definitorio de la legitimidad del poder, que resulta formalmente distinto, por ejemplo, respecto del iter previsto en el caso de la República presidencial -con el poder Ejecutivo unipersonal- donde  prevalecen  elementos de  equilibrio constitucional diferentes.

Durante la actual legislatura que está llegando a su fin, a partir de 2013 se sucedieron en Italia un total de tres gobiernos, formados siempre con la ritual  gestión del Jefe del Estado y la aprobación parlamentaria. Los tres gobiernos fueron encabezados  por  dirigentes del Partido Democrático,  primera  minoría  (y en coalición con otros partidos): Enrico Letta, Matteo Renzi y Paolo Gentiloni, los tres premier de este período. La legislatura pasó, además, por dos presidentes de la República al haberse cumplido el mandato del presidente Giorgio Napolitano a quien sucedió Sergio Mattarella, elegido en 2015 y que dura en el cargo siete años.

 La confrontación electoral que ahora  se acerca parecería especialmente basada en el debate de cuestiones que hace tiempo animan contrastes políticos y diferenciadas visiones entre las fuerzas en campaña. Quizás el tema económico tenga menos relieve, vista la bonanza que comienza a perfilarse concretamente, después del prolongado período de dificultades. Se debatirá por cierto el tema de la gestión de la inmigración que lleva directo al análisis de la relación con la Unión Europea, de la que Italia es país fundador.

Los interrogantes y las distintas evaluaciones  al respecto son conocidos: ¿puede Italia tolerar la ausencia de participación de los demás países miembros en la generosa (y costosa) actitud de  samaritana (aislada) frente a los desembarques constantes de miles de prófugos a rescatar del mar y a atender? Puede ser dejada sola en construir puentes, mientras otros proponen muros y barreras? Son instancias legítimas y que merecen ser analizadas para desarrollar la futura posición del país en el circuito de la UE, que  además merece sin duda  renovar sus  enfoques, a la luz de la nueva realidad mundial y en relación  con los propósitos que animaron en la posguerra su fundación sobre la paz y la solidaridad social...

 No faltará el arduo capítulo de toda campaña electoral italiana: el desarrollo del Sur, siempre en agenda y siempre irresuelto en sus márgenes de desocupación  (especialmente juvenil) y en su condición eternamente perdedora respecto de las regiones del norte del país y del resto de la comunidad europea. Se debatirá también el Euro, inevitablemente y la función del Banco Central Europeo y su rol, por ejemplo, ante la llamada deuda soberana y no sólo…

Todo esto obviamente más allá de la confrontación mayor y fundamental entre las distintas banderas políticas, apuntando cada una a  conquistar en lo posible la mayoría parlamentaria. Objetivo principal, pero –se podría adelantar en base a la experiencia- casi seguramente imposible…

 Imposible o casi si se mira desde  la tradición política italiana. Pocas veces-o casi nunca- se ha dado tal  mayoría para un solo partido: en general, nuestra gestión política fue siempre condenada a ser manejada  “en coalición”, entre dos  o más partidos. El sello histórico al respecto deriva del periodo de posguerra, cuando la gloriosa,  efectiva y rápida reconstrucción fue llevada a cabo sobre la base  de la llamada coalición centrista dirigida por De Gasperi , leader de la DC, con los que entonces se llamaban los partidos menores: socialdemócratas, liberales y republicanos que hicieron frente  durante largos años, por un lado al partido comunista más grande de Europa después del de la URSS, aliado al socialismo y por el otro a las renacientes fuerzas de la derecha.

Fue aquella una temporada política larga y muy áspera, pero sin dudas exitosa. Y parece que hizo escuela. En concreto, desde entonces pocas veces pudo gobernar un partido sólo en Italia. Tanto que la coalición entre nosotros parece asumir el valor casi  de una ulterior garantía democrática en el contexto nacional…

¿Y ahora?

Ahora, en la confrontación inminente nada hace prever que alguna de las tres grandes estructuras principales que están bajando al ruedo pueda sacar una mayoría que le conceda todo el poder. Parece que no. Se dice que, al contrario, se podría ir a un perfecto empate entre tres, o algo similar…

Los grupos –no  digamos por ahora coaliciones- que se aprestan a la confrontación son: el partido Democrático encabezado por Matteo Renzi; la agrupación Cinque Stelle (Grillo); y la formación  de centro derecha Berlusconi-Lega-Fratelli d’Italia, que casi parece desde ya una coalición. Alrededor, como siempre, figuran formaciones  menores de distintos enfoques y colores.

De todos modos -a no engañarse- la palabra es esa: coalición.

Contados los votos, terminará siendo -como siempre- inevitable mirar a la posible coalición sobre la que podrá surgir el nuevo gobierno. Coalición, entonces, que es la palabra  “sfinge e chimera”  de la política italiana. Y de ella se volverá hablar en cuanto se cuenten los votos… no hay dudas.

¿El augurio, el deseo que se puede formular desde ahora?

Es un contexto difícil para previsiones y diagnósticos, pero el augurio puede ser que se consiga la amalgama necesaria, la más pulita posible entre los vencedores más afines, si los hay… para la formación del nuevo gobierno inmediatamente operativo sin resbalar… hacia nuevas elecciones.

Porque gobernar el País va a ser urgente e inevitable. No hay duda.

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